Domingo de funeral. Música introspectiva, decían. A veces vamos tan rápido que dejamos de mirar. Aquella tarde el sol nos susurró todos sus colores mientras nosotros olíamos la sal. La terraza blanca de armiño se mostraba con poco detalle, dejando espacio a la magnificencia de las flores y a los músicos. En un primer momento la música me recordó a las profundidades del océano, como un pez solitario cruzando la negrura, espesa y llena de burbujas. Un alma que surca la nada, negra a través de un compás. Cuando la tarde se disolvió todo sonaba turbio, como si nos adentrásemos en la caja de nuestros pensamientos y no quedase más remedio que morir o matarnos a nosotros mismos en un odio sempiterno. Pero todos seguíamos allí, mirando como podían sonar los sentimientos más oscuros de un músico y pagar para que con gusto, nos reventasen los oídos y la mente.
Soy esos segundos que restan después de una bocanada de aire, soy aquella niña que quiso ser canción...**Blog literario