'Me siento solito,' dijiste un día. Ojalá nunca se te olvide lo mucho que me gusta tocarte el pelo mientras miramos el televisor. Ingenuos, dejamos caer los muros al revelar el dulce cosquilleo que nace al explorar la tensión de esa caricia; que, mientras roba toda la atención de la habitación, libera y alimenta la calma en mí. Como las notas de un piano lento en una canción de soul o el olor a monte sombrío: podría respirarte si me dejaras. Me gusta estar ahí para tus cosas, para que estés bien. Cuando disfruto de tu presencia, a menudo se me hace adictiva la sensación física de aplacar las ganas de cuidarte y disfrutar de ti, aunque tú nunca lo pidas. Lo noto en mis manos y en mi piel, queriendo buscar la tuya. Pero me paro y me contento escuchándote hablar de tus asuntos, porque cuando me regalas un trocito de tu mundo, me siento privilegiada. Aunque parezca que te idolatre, en realidad no lo hago, solo disfruto de una mente maravillosa que expande mis límites. Disfruto apoy...
Soy esos segundos que restan después de una bocanada de aire, soy aquella niña que quiso ser canción...**Blog literario