Deben criticarse las acciones, no los individuos. Las motivaciones inconscientes que nos mueven a amarnos. Uno presupone en el otro una estructura psicológica similar. Una estructura que creemos tener en común: la niebla de las proyecciones, que solo es evitable mientras nos conozcamos a nosotros mismos. Y aun así, no siempre ocurre. Una cerilla no prende si está mojada. O si el aire es demasiado denso. A veces, el fuego no aparece porque no hay nada que arda. O porque nunca fue fuego, sino deseo de calor. Me gustaba gustarte. Me gustaba que lo dijeras sin rodeos, con esa mezcla de dulzura y descaro. Había algo profundamente humano en eso. Nos prometimos que no cambiaría nada, pero las promesas a veces son papel en una tormenta. Papel que vuela y desaparece. Y aunque no te culpo, me pesa. Me pesa porque lo que compartimos parecía tener algo de verdad. De juego, sí, pero también de cuidados, cercanía y respeto mutuo. De querer mirar sin miedo, de tocar sin poseer, de sosten...
Domingo de funeral. Música introspectiva, decían. A veces vamos tan rápido que dejamos de mirar. Aquella tarde el sol nos susurró todos sus colores mientras nosotros olíamos la sal. La terraza blanca de armiño se mostraba con poco detalle, dejando espacio a la magnificencia de las flores y a los músicos. En un primer momento la música me recordó a las profundidades del océano, como un pez solitario cruzando la negrura, espesa y llena de burbujas. Un alma que surca la nada, negra a través de un compás. Cuando la tarde se disolvió todo sonaba turbio, como si nos adentrásemos en la caja de nuestros pensamientos y no quedase más remedio que morir o matarnos a nosotros mismos en un odio sempiterno. Pero todos seguíamos allí, mirando como podían sonar los sentimientos más oscuros de un músico y pagar para que con gusto, nos reventasen los oídos y la mente.