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Paso desnudo

Una bonita tarde de otoño se levantó con la resaca a sus espaldas. No habia dormido, estaba cansada. Vestía un viejo pijama a rayas azules con una rota camiseta blanca. Casi desnuda caminaba como siempre: descalza. Sus pies como cánones de belleza dibujaban huellas en el suelo gris de marmol por el que caminaba.


Anonadado recordaba su andar, un pie tras otro, sin nada que los cubriese.
No debería haberse asomado a la ventana de aquella clase de ballet, ese martes a las 7.30.

Recordando la sincronía entre sus extremidades y la música, solo podía pensar en la delicadeza de aquella concavidad tan perfecta que su empeine dibujaba en el suelo una y otra vez antes de elevarlo hasta casi rozar su cabeza.

Estaba perdido, sabía que su única salida sería esforzarse: era ella.

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