Ir al contenido principal

Santa Sepultura

Deben criticarse las acciones, no los individuos. 

Las motivaciones inconscientes que nos mueven a amarnos. Uno presupone en el otro una estructura psicológica similar. Una estructura que creemos tener en común: la niebla de las proyecciones, que solo es evitable mientras nos conozcamos a nosotros mismos.

Y aun así, no siempre ocurre.

Una cerilla no prende si está mojada. O si el aire es demasiado denso.
A veces, el fuego no aparece porque no hay nada que arda.
O porque nunca fue fuego, sino deseo de calor.

Me gustaba gustarte.

Me gustaba que lo dijeras sin rodeos, con esa mezcla de dulzura y descaro.
Había algo profundamente humano en eso. Nos prometimos que no cambiaría nada, pero las promesas a veces son papel en una tormenta. Papel que vuela y desaparece.

Y aunque no te culpo, me pesa.

Me pesa porque lo que compartimos parecía tener algo de verdad.
De juego, sí, pero también de cuidados, cercanía y respeto mutuo.
De querer mirar sin miedo, de tocar sin poseer, de sostener sin apretar.

Quizá ahora solo queda eso:

La conciencia de lo efímero y alguien que se ha quedado con mi saquito de monedas. Y no quise tapar huecos, ni rellenar ausencias que no me correspondían. No vine a salvarte, ni a ser salvada. Solo quise compartir un puñado de verdad.

¡Que cierren sus heridas los esclavos del amor! 

Que yo seguiré bailando entre el humo curvilíneo, esa mezcla rara entre ternura y duelo. Sin intentar entender lo que ni tú sabías. Porque a veces amar también es soltar la necesidad de explicación y darle santa sepultura a los hijos que nunca tuvimos.

Deben criticarse las acciones, no los individuos. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Miedo

Gritar, alto. Volar, muy alto. Para salir, para que me rescates. Inténtalo te lo suplico. Pero no me riñas, no me castigues. Porque yo soy la primera que lo ha hecho, y por eso estoy aquí, justo en el borde. Ven a buscarme. Abre los ojos por favor.

Veinticuatro horas

24 horas fueron suficientes para confirmar que estamos hechos de energía.  Esa noche, yo callaba. Me planteabas sin quererlo, cuestiones trascendentales ¿Estaba en el lado equivocado? ¿Acaso estaba viendo la vida pasar desde la comodidad de mi asiento?  Removiste pensamientos que estaban alojados en mi de tal manera, que la sensación fue como la de estar sentada en la habitación de mi mente, cómoda a la par que plúmbea, cuando de repente lo que parecía ser una ligera brisa se volvió viento que te sacude el pelo y hasta la ropa.   Yo callaba, intentando descifrar qué puertas habías abierto, quería saber por qué me había costado responder a tus preguntas.  Ya en el aeropuerto, me descubrí reflexionando sobre la represión de mis motivaciones a lo largo de los años y encontré respuestas duras de recordar, pero que llegaban en el momento perfecto para comprender que no estoy en ese lugar, sino en el que me levanto cada mañana; y yo decido.  Si eso es una sola mu...