24 horas fueron suficientes para confirmar que estamos hechos de energía.
Esa noche, yo callaba. Me planteabas sin quererlo, cuestiones trascendentales ¿Estaba en el lado equivocado? ¿Acaso estaba viendo la vida pasar desde la comodidad de mi asiento?
Removiste pensamientos que estaban alojados en mi de tal manera, que la sensación fue como la de estar sentada en la habitación de mi mente, cómoda a la par que plúmbea, cuando de repente lo que parecía ser una ligera brisa se volvió viento que te sacude el pelo y hasta la ropa.
Yo callaba, intentando descifrar qué puertas habías abierto, quería saber por qué me había costado responder a tus preguntas.
Ya en el aeropuerto, me descubrí reflexionando sobre la represión de mis motivaciones a lo largo de los años y encontré respuestas duras de recordar, pero que llegaban en el momento perfecto para comprender que no estoy en ese lugar, sino en el que me levanto cada mañana; y yo decido.
Si eso es una sola muestra de lo que me puedes enseñar, no estamos haciendo nada malo ya que el fin justifica los medios: Replantearme mi miedo a perder y tirarlo por la ventana. Recordar mis puntos fuertes y reforzar mis cimientos. Trabajar la constancia y la perseverancia.
El reto será hacerme dueña de mi mente. Todo lo demás está de más.
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