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Cansada de la repetición de mis pasos tras ese incesante recorrido por el mármol,
me encuentro de nuevo aquí; Ahogada por el polvo de la sábana que, roída por la razón de haberte marchado, se esconde tras un simple edredón de Ikea.
Verde, que me recuerda a tus ojos llenos de ser y de esperanza, como las cortinas que tapan las sombras de un día al que no me quiero enfrentar.

Violetas, como lo que queda de mis ojos al ver que te marchas de su mano , de la mano de ella.
Quizás mi sitio sea contigo, no en ningún lugar , en ningún cuarto , en ningún refugio que me limite a soñar que te siento una y otra vez,

Quizás y solo Quizás ninguna pared pueda encerrar mis múltiples estados de ánimo.

En este momento estiro la mano y alcanzo mi abrigo , me acerco al paraguas apoyado en la puerta entreabierta... Te espero en ese banco de Madrid donde te vi reír por primera vez y me pregunto como lo haría Ismael
¿Donde estas Rubia? Regresa...

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